La incorporación de las nuevas tecnologías
involucra un desafío mucho mayor que el equipamiento, aun cuando este sea un requisito
indispensable. Sin computadoras disponibles, no hay posibilidad de extender usos o
prácticas más significativas en relación con el conocimiento o con las reflexiones políticas
y éticas que son necesarias en este contexto acelerado de transformaciones. Al mismo
tiempo, cabe alertar sobre la reducción de esta transformación a cierto fetichismo tecnológico
que cree que la presencia de los aparatos producirá por ser otra relación con
el conocimiento, y que sobrestima la capacidad de transformación de los aparatos por
sobre sus condiciones de recepción, apropiación y modos de uso.
Como dice un analista norteamericano, hay que recordar que “la música no está en el
piano” y que “el conocimiento no está en las computadoras” (Cuban, 2008:156).

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